EL BEBÉ DEL MILLONARIO LLORÓ AL VER A LA EMPLEADA! SUS PRIMERAS PALABRAS DESTROZARON A TODOS

Camila salió del hospital. Parecía que las cosas empezaban a mejorar. Hasta que la noticia llegó como un balde de agua helada: otro “accidente” de coche. Esta vez, fatal.

Los frenos fallaron otra vez.

Valeria sintió que le arrancaban el alma. Llamó a doña Mercedes. La anciana confirmó lo que temía: las autoridades habían cerrado el caso como “accidente”, Patricia seguía entrando y saliendo de la casa… y Matías se había quedado sin madre.

—Si algún día necesitas trabajo, ven —le dijo la señora—. Camila confió en ti. Yo también lo haré.

Tiempo después, con el anuncio en el periódico en la mano, Valeria entendió que era el momento de cumplir aquella promesa.

En la mansión, Valeria intentó ser invisible. Limpiaba, ordenaba, bajaba la mirada. Pero ver a Matías la rompía por dentro. El niño caminaba como si llevara el mundo a cuestas, serio, en silencio, ignorado por unas nanas más pendientes del celular que de él.

Cuando lloraba de noche, nadie subía.

O casi nadie.

Valeria empezó a colarse al cuarto del niño con la excusa de limpiar. Le cantaba suave, le ofrecía agua, lo mecía hasta que se quedaba dormido. Una madrugada, con fiebre alta y las nanas roncando en el sofá, lo sostuvo en brazos durante horas, cambiando paños, rezando por él.

Fue esa noche cuando Rodrigo los vio por primera vez: la empleada nueva, agotada, con el niño dormido en su pecho. Algo se le movió adentro, una mezcla de nostalgia y esperanza.

—Gracias —murmuró, sin poder dejar de mirar.

Valeria quiso disculparse, temiendo un despido. En lugar de eso, recibió una advertencia suave:

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