“El día de Navidad, trajo a su amante embarazada a casa, pero mi sonrisa silenciosa escondió una verdad que lo destruiría.

“Entonces… ¿de quién es el bebé, Clara?”

El silencio se hizo pedazos.

Y la cara de Clara—culpable, aterrada—me confirmó que la Parte 2 apenas comenzaba.

¿Qué verdad ocultaba? ¿Y por qué parecía más asustada que nosotros?.

Daniel miraba a Clara como si fuera una desconocida. El papel temblaba en su mano: el informe médico que derrumbaba cada mentira que se había contado. Pero lo peor no era su shock.

Era el silencio de Clara.

“Alicia,” gritó Daniel, con la voz quebrada, “¿qué… qué has hecho?”

Casi me eché a reír. “¿Yo? ¿De verdad crees que falsifiqué tus resultados médicos?”

Luego miré a Clara. “¿Por qué no le dices la verdad?”

El rostro de Clara perdió todo color. Sus dedos se aferraron al bolso. Retrocedió, golpeando la mesa baja.

“Daniel,” susurró, “iba a decírtelo después de las fiestas.”

“¿DECIRME QUÉ?” rugió él.

Desde la calle llegaron las campanas de la catedral, burlándose de nuestro infierno doméstico.

Clara tragó saliva. “El bebé… no es tuyo.”

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