La frase estalló en la habitación.
Daniel dio un paso atrás, dejando caer el papel. “¿Cómo que no es mío? Tú dijiste—”
“¡Lo sé!” Clara sollozó. “Me asusté. Tú estabas tan ilusionado con tener un hijo. Dijiste que Alicia era la razón de tu infelicidad. Yo… cometí un error.”
“¿Qué error?” pregunté con los brazos cruzados.
Clara se limpió las lágrimas. “Su nombre es Javier Morales. Trabaja en el hotel donde yo hacía turnos administrativos. Estábamos juntos antes de que Daniel y yo…” Tragó saliva. “Daniel pensó que estaba embarazada antes de que yo misma lo supiera. Y lo permití.”
Solté un suspiro. Todo encajaba. La prisa del romance. La obsesión por tener una “familia real”. La crueldad hacia mí.
Daniel—quien me había culpado, humillado y traicionado—había vivido en una fantasía construida sobre una mentira.
Se dejó caer en el sofá.
“Has arruinado mi matrimonio,” murmuró hacia Clara.
Negué lentamente. “No, Daniel. Tú lo arruinaste solo.”
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