“El día de Navidad, trajo a su amante embarazada a casa, pero mi sonrisa silenciosa escondió una verdad que lo destruiría.

Mi nueva vida empezó en silencio. Volví a enseñar arquitectura en la universidad, caminé cada tarde junto al Guadalquivir y redescubrí la libertad de decidir por mí misma.

Entonces, inesperadamente, me encontré con alguien de mi pasado.

Se llamaba Adrián Fuentes, un ingeniero estructural con quien había estudiado años atrás.
Nos reencontramos en un proyecto de restauración cerca de Plaza España, revisando planos en la misma mesa.

“Alicia?” dijo, sorprendido.

Hacía años que no escuchaba mi nombre en un tono tan cálido.

Hablamos horas, poniéndonos al día. Él seguía siendo paciente, amable, observador—cualidades que había olvidado que existían. Poco a poco, los cafés se convirtieron en cenas, las cenas en risas, y las risas en algo más profundo.

Pero yo frené.

“No estoy lista,” le dije una noche.

Él asintió. “Entonces vamos a tu ritmo. No estoy aquí para reemplazar nada. Solo para compartir lo que venga.”

Era la primera vez que un hombre me ofrecía sin exigir nada.

Pasaron meses. Llegó la primavera. Una tarde, durante un chequeo médico rutinario, la doctora se detuvo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.