“Alicia,” dijo con cuidado, “hay algo que debemos comentar.”
El corazón se me encogió—viejos temores.
Pero luego sonrió.
“Estás embarazada.”
Me quedé inmóvil. “Es imposible. Mi marido—”
“Tu exmarido,” corrigió suavemente. “Y tú nunca fuiste el problema.”
Las lágrimas me nublaron la vista.
Cuando se lo conté a Adrián, no reaccionó con duda ni sorpresa. Simplemente tomó mi mano y murmuró:
“Estoy contigo. Para ti y para el bebé.”
Nueve meses después, en una habitación luminosa con vistas a Sevilla, sostuve a mi hija por primera vez.
Lucía.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
