Al ponerse de pie, algo llamó su atención: una carpeta. Su nombre escrito en la parte superior con la letra de Daniel. No Elise Hayes. Elise Lauron. Su corazón dio un golpe extraño e incierto. La curiosidad se mezcló con el temor. No se apresuró. No la tomó imprudentemente. Simplemente colocó su mano sobre la carpeta, respirando hondo antes de abrir la primera página. Entonces, el mundo se inclinó.
Estados de cuenta bancarios, grandes retiros, cargos de lujo, todos vinculados a Clara Voss, la mujer que Elise solo había visto una vez en un evento de la empresa, pero que siempre le había dado mala espina. En la parte superior de los estados, un pequeño símbolo la miraba fijamente: el discreto escudo del banco privado de su padre. Cuentas que había dejado intencionalmente intactas durante años. Sin embargo, las fechas de los cargos eran recientes.
Elise Lauron respiró hondo, tratando de calmar el temblor de sus manos. Cada página que pasaba revelaba más cargos: compras lujosas, viajes privados, cenas caras… todo pagado con sus cuentas, a nombre de alguien más, pero con la autorización implícita de Daniel. Su corazón se aceleró. ¿Cómo había podido su esposo traicionarla de esta manera mientras ella luchaba sola con tres bebés recién nacidos?
La mente de Elise trabajaba a mil por hora. Cada número, cada símbolo, cada cargo tenía una pista. Clara Voss no solo era la amante: era parte de un plan calculado. Y Daniel, cegado por su ego y su deseo, había sido el instrumento perfecto. Pero Elise no era la misma mujer indefensa que había dejado que la trataran como invisible.
Con los ojos fijos en la carpeta, su silencio se volvió concentración absoluta. Recogió su teléfono y llamó a un número que solo ella conocía, una conexión segura de años atrás.
—Es hora —susurró Elise—. Todo termina hoy.
Mientras tanto, en la casa de al lado, Margaret y Noah Hayes creían que todo estaba bajo control. Se sentaron en silencio, satisfechos con la traición que habían coordinado. Pero lo que ignoraban era que Elise, la hija perdida de Alexander Lauron, la heredera que habían dado por vencida, estaba a punto de reclamar su lugar y exponer cada mentira.
En el auto, Clara Voss creía que su plan era perfecto. Había preparado cada detalle, cada documento, cada presión emocional. Todo parecía en orden. No sabía que una mujer silenciosa y fuerte estaba a punto de voltear la mesa.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
