El HIJO del MILLONARIO era CIEGO… hasta que una NIÑA sacó de sus ojos algo que nadie podía imaginar…

Solo dime una cosa, tengo una oportunidad. ¿Sientes algo por mí? María cerró los ojos mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas. Yo pensé en ti todos los días durante esos 10 años. Cuando me fui, recordaba a ese niño en la banca cada día. Me sentía sola y tu recuerdo me daba calor. Abrió los ojos y lo miró. Y cuando nos volvimos a ver, entendí que no solo te recordaba, te amaba desde hace mucho, tal vez para siempre.

Elías la rodeó con los brazos y la besó. Un beso y tembloroso. El primer beso de dos personas unidas por un milagro. Cuando se separaron, él la abrazó con fuerza y murmuró. Esperé tanto tiempo este momento. Yo también, respondió María abrazándolo. Se quedaron de pie junto al malecón, bañados por la luz del atardecer, y parecía que el mundo entero se había detenido. Cuando Elías le contó a su padre lo que sentía por María, Alejandro no se sorprendió, solo sonrió.

He visto como la miras y como ella te mira a ti. Ustedes dos estaban destinados a estar juntos. Pero papá, empezó Elías, ella podría pensar que estoy con ella por lástima o qué, hijo. Lo interrumpió Alejandro. Esa niña cambió toda nuestra familia. No solo te devolvió la vista, nos enseñó lo que realmente importa. Si la amas, no hay nada más correcto que eso. Ella ha sido parte de nuestra familia desde hace mucho. Ahora solo será oficial. Pasaron 3 años más.

Elías y María se casaron en una ceremonia sencilla con solo sus familiares y amigos cercanos. La boda fue simple, pero llena de calidez y amor. Alejandro lloró al acompañar a María hasta el altar. Ella no tenía padre y para él era un honor ocupar ese lugar. Se mudaron a un pequeño departamento cerca de la clínica de la fundación. María siguió trabajando en la Fundación María Molina y Elías atendía a sus pacientes. Por las noches se sentaban en el balcón, tomaban té y hablaban de todo.

A veces Elías le acariciaba el cabello y decía, “¿Sabes? Cada día agradezco que te sentaras a mi lado en aquella banca y yo agradezco que no tuvieras miedo de mí”, respondía María apoyándose en él. Una niña descalza con un vestido roto. “Para mí siempre fuiste la más hermosa”, susurraba él besándola. Pasaron dos años más y tuvieron una hija. La llamaron esperanza, porque su historia era una historia de esperanza, fe y milagros. Ese mismo día, 15 años después del milagro en la plaza central, los tres, Elías, María y la pequeña Esperanza en brazos de su madre regresaron a la misma banca junto con Alejandro.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.