El HIJO del MILLONARIO era CIEGO… hasta que una NIÑA sacó de sus ojos algo que nadie podía imaginar…

Ahora tenía una pequeña placa de bronce que decía, “Aquí ocurrió un milagro.” Y los milagros continúan. Alejandro, con 70 años sostenía a su nieta en brazos y sonreía. “¿Sabes qué he entendido en todos estos años?”, dijo, “El milagro no fue solo que María le devolviera la vista a Elías. El milagro fue que nos enseñó a todos a amar de verdad.” María apoyó la cabeza en el hombro de Elías. Toda mi vida busqué mi lugar en este mundo.

Pensé que mi misión había terminado aquel día en la plaza central, pero ahora entiendo que apenas comenzaba. Mi misión es estar contigo, amarte y transmitir ese amor. Elías besó su 100. Y mi misión es recordarte cada día cuánto te amo y lo agradecido que estoy por cada momento contigo. La pequeña esperanza estiró su manita hacia la banca y María la sentó justo en el mismo lugar donde todo empezó. Cuando crezca le contaremos esta historia”, dijo María. “Le contaremos cómo se conocieron sus padres sobre el milagro que lo cambió todo y que el amor verdadero no tiene fronteras”, añadió Elías.

“No hay diferencia entre rico y pobre, simplemente existe.” Se sentaron juntos en la banca, abrazados, mirando como su hija extendía los brazos hacia la luz del sol. Y en ese momento parecía que el mundo entero brillaba con calidez y claridad, porque los milagros no terminan. Viven en quienes creen en ellos. Pasan de generación en generación, de corazón a corazón. Y esta historia es la historia de como una niña descalza de un hogar infantil San Miguel conoció a un niño ciego de una familia rica.

Y como ese encuentro cambió no solo sus vidas, sino también la de todos los que los rodeaban. Una historia sobre como la verdadera riqueza no está en el dinero, sino en la capacidad de amar y ayudar. Una historia sobre cómo a veces basta contenderle la mano a un desconocido para cambiar su destino para siempre. Una historia sobre cómo los sentimientos más fuertes nacen de los actos más simples, la bondad, la fe y el deseo de hacer del mundo un lugar un poco mejor.

La Fundación María Molina, creada en honor a María, sigue trabajando hasta hoy. Elías y María la dirigen juntos, ayudando a miles de niños. Incluso en la vejez, Alejandro sigue participando diciendo que la fundación le da un propósito. Y en esa misma plaza central, en esa misma banca, bajo el viejo castaño, la gente sigue dejando flores porque todos saben que ahí ocurrió un milagro, un milagro de amor, fe y esperanza. Y quien pasa por esa banca se detiene un momento y se pregunta, “¿Y si un milagro ocurre también en mi vida?

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