El hijo del multimillonario fue declarado sordo permanente por médicos de talla mundial, pero la verdadera causa fue algo que sólo yo —su criada olvidada— descubrí dentro de su oído… y puso patas arriba el mundo de esta familia mexicana.

Entonces, una tarde, mientras barría debajo de su cama, empezó a golpearse suavemente la cabeza contra la pared: pum, pum, pum.

Presa del pánico, corrí hacia él.

"¡No, cariño!", grité, olvidando que no podía oír.
Se detuvo solo al sentir la vibración de mis pasos. Se señaló la oreja e hizo un gesto como el de una puerta al cerrarse de golpe.

Esa noche no pude dormir. Mi abuela siempre decía: "El cuerpo habla si estás dispuesto a escuchar".

¿Por qué un niño supuestamente sordo por daño nervioso se obsesionaría con su oído físico? Ese tipo de sordera no debería causar molestias localizadas.

Al día siguiente, tomé una decisión que podría costarme todo.

Con Don Sebastián en la Ciudad de México y Gertrudis ocupada afuera, entré en la habitación de Luciano, no para limpiar, sino para mirar más de cerca.

Me senté en el suelo frente a él. Se sobresaltó; nadie se sentaba nunca con él.

Sonreí suavemente. Me devolvió una sonrisa diminuta y frágil.

De mi bolsillo, saqué una pequeña linterna y una botella de aceite de almendras. “Solo voy a revisar, pequeño”, murmuré, aunque no me oía.

Le indiqué con un gesto que se recostara con la cabeza en mi regazo. Dudó, pero se rindió con la dolorosa confianza de un niño hambriento de afecto.

Su pelo olía a champú caro, pero tenía la piel fría.

Inspeccioné la oreja izquierda: estaba perfectamente normal.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.