El hijo del multimillonario fue declarado sordo permanente por médicos de talla mundial, pero la verdadera causa fue algo que sólo yo —su criada olvidada— descubrí dentro de su oído… y puso patas arriba el mundo de esta familia mexicana.

Al final del pasillo, sonó un reloj.

GONG.

Luciano gritó.

No de dolor, sino de shock. Se tapó los oídos, se los descubrió y se giró hacia el sonido.

GONG.

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

Me miró… luego a su reloj de juguete.

“¿Hm?” —vocalizó, probando su propia voz, escuchándola con claridad por primera vez en ocho años.

Rompió a sollozar. Lo abracé. Lloramos juntos en el suelo frío, con esa pequeña pieza de Lego entre nosotros como un secreto caído.

En ese momento, unos pasos retumbaron por las escaleras.

Don Sebastián había regresado temprano.

Entró furioso en la habitación, vio las pinzas, la sangre, al niño llorando y su rostro contraído por la rabia.

—¡¿QUÉ LE HAS HECHO?! —rugió—. ¡VOY A HACER QUE TE ARRESTEN!
Tiró de Luciano para apartarlo. Me encogí contra la pared, temblando.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.