El hijo del multimillonario sufría dolores,hasta que la niñera le quitó algo misterioso de su cabeza…

Limpiaste el desastre comprando un bebé, mintiendo durante 7 años y después torturando a ese niño”, replicó Sebastián dando un paso hacia adelante y asesinando a su madre cuando intentó hacer lo correcto. “Sí, Sofía, eres exactamente un monstruo.” De repente, una voz pequeña y quebrada cortó la tensión como un cristal rompiéndose. Mami, todos se congelaron. En el umbral de la puerta trasera, usando su pijama de superhéroes, estaba Mateo. Sus ojos verdes enormes, iban de Sofía con el arma a su padre arrodillado junto al cuerpo envuelto en lona.

¿Qué está pasando?, preguntó el niño, su labio inferior temblando. ¿Por qué mami tiene una pistola? Sofía bajó el arma inmediatamente, su rostro transformándose en una máscara de falsa dulzura. Mi amor, vuelve a tu cuarto. Los adultos estamos hablando de cosas aburridas. Vete a dormir. Sí, pero Mateo no se movió. Sus ojos se fijaron en la lona negra, en la tierra removida, en la expresión de horror en el rostro de su padre. Es el jardín de mami, dijo con voz confundida.

¿Por qué está todo roto? Valentina vio su oportunidad, se movió con rapidez, colocándose entre Sofía y el niño. Mateo, campeón, ven conmigo. Extendió su mano. Vamos adentro. Sí, no! Gritó Sofía levantando el arma de nuevo. Mateo, quédate donde estás. Valentina es una mala persona. Quiere llevarte lejos de mami. Mateo miró entre las dos mujeres, confusión y miedo batallando en su rostro de 6 años. Pero entonces sus ojos se posaron en Valentina, la mujer que había quitado su dolor, que había sido gentil cuando todos los demás médicos y niñeras lo trataban como un problema a resolver.

Ella me quitó lo que me dolía, dijo Mateo con voz firme a pesar de su edad. Tú nunca lo hiciste, mami. Nunca. La declaración golpeó a Sofía como una bofetada física. Su rostro se contorsionó de dolor y rabia. ¿Cómo puedes decir eso? Yo te he cuidado toda tu vida. Yo soy tu madre. Yo no dijo una voz que no pertenecía a ninguno de los presentes. Todos giraron hacia el lateral de la casa. De las sombras emergió una figura que hizo que Sofía dejara escapar un grito ahogado de puro terror.

Era Isabela. Bueno, no exactamente Isabela. La mujer que caminaba hacia ellos tenía el mismo rostro, la misma estructura, pero era claramente mayor, tal vez 40 años, con canas en el cabello negro y arrugas de expresión alrededor de los ojos. Junto a ella venían dos policías municipales en uniforme. ¿Quién? ¿Quién eres tú? Tartamudeó Sofía. El arma temblando violentamente en su mano. “Soy Carmen Reyes”, dijo la mujer con voz firme. “La madre de Isabela y la abuela de ese niño al que tú torturaste.” Valentina sintió que las piezas finales del rompecabezas encajaban en su mente.

Carmen Reyes. Reyes. El mismo apellido que ella había usado al presentarse no era coincidencia. Valentina es mi sobrina”, explicó Carmen como si leyera los pensamientos de todos. Cuando Isabela desapareció hace tres semanas, empezamos a buscarla. Encontramos su diario hace dos días escondido en una casillero de autobús. Nos llevó tiempo entender todo, pero cuando leímos que estaba trabajando aquí para los Montalvo, supimos que algo terrible había pasado. Valentina se ofreció a infiltrarse como niñera para descubrir la verdad.

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