El millonario abrió la puerta de su dormitorio esperando silencio, pero encontró a su ama de llaves arrodillada en el suelo, contando fajos de dinero entre lágrimas, susurrando: "Todavía no es suficiente... ¿Qué voy a hacer?"... Y lo que ella reveló momentos después cambió todo lo que creía saber.

"No estoy cualificada", susurró.

"Sí que lo estás", respondió Henry. "Entiendes la compasión mejor que nadie que haya conocido. Sabes lo que es luchar con todo lo que tienes".

Se le llenaron los ojos de lágrimas. "No sé qué decir". “Di que lo pensarás.”

Pero no necesitaba tiempo.

“Acepto”, dijo en voz baja. “Quiero dedicar mi vida a ayudar a las familias como tú nos ayudaste a nosotros.”

Y por primera vez en mucho tiempo, Henry sintió un cambio cálido en su interior: un propósito.

El Nuevo Comienzo
Seis meses después, Nora se encontraba frente al espejo en su nuevo apartamento en Capitol Hill: más luminoso, más grande, lleno de una luz solar que antes no percibía. Sophie, ahora sana, hacía sus tareas en el sofá y tarareaba la radio.

“Te ves increíble”, le dijo Sophie. “Muy formal. Con el ambiente de una directora de fundación.”

Nora se rió. “Aún parece irreal.”

“Créelo”, dijo Sophie. “Te lo has ganado todo.”

Esa noche, llegaron a la gran inauguración de la Iniciativa de Segunda Oportunidad en el centro de Seattle.

Médicos, familias, donantes, periodistas: la sala rebosaba de esperanza. Henry subió al escenario primero.

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