El millonario abrió la puerta de su dormitorio esperando silencio, pero encontró a su ama de llaves arrodillada en el suelo, contando fajos de dinero entre lágrimas, susurrando: "Todavía no es suficiente... ¿Qué voy a hacer?"... Y lo que ella reveló momentos después cambió todo lo que creía saber.

La verdad tras los números
"¿Cuánto hay aquí?", preguntó Henry.

"Unos... trescientos mil", respondió ella en voz baja.

"¿Y esperas que crea que ganaste eso como empleada doméstica a tiempo parcial?"

Le tembló la barbilla. "No solo aquí. Tengo tres trabajos. Yo... llevo seis años trabajando así".

Henry se cruzó de brazos. "Enséñame".

Dudó un momento y luego le entregó la libreta. El papel estaba blando por años de uso excesivo. Cada página estaba llena de anotaciones fechadas: pequeños pagos de limpieza de oficinas, lavado de ropa, cuidado de niños, almacenamiento de almacenes e innumerables turnos cortos.

Cada dólar registrado.
Cada dólar ahorrado.

Al final de cada mes, una sola línea se repetía:

Ahorros para Sophie.

Henry levantó la vista. "¿Quién es Sophie?".

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