EL PADRE LA DEJÓ con ÁRBOLES SECOS… AÑOS DESPUÉS HERMANOS IMPLORARON que les ENSEÑARA…

Respiró hondo antes de continuar. He decidido rechazar tanto la oferta de fusión del banco como la propuesta comercial de agroindustrias mediterráneas. El banquero se removió incómodo en su asiento mientras los hermanos de Elena intercambiaban miradas alarmadas. En su lugar, prosiguió. He elaborado mi propio plan inspirado en documentos que encontré en el viejo escritorio de mi padre anoche. De la carpeta extrajo un fajo de papeles amarillentos, bocetos, anotaciones, un proyecto a medio terminar titulado Centro de conservación de variedades antiguas, Valle del Duero.

Este era el sueño original de mi padre, un centro dedicado a preservar, investigar y compartir el patrimonio agrícola de nuestra región. No un negocio para enriquecerse, sino un legado para las generaciones futuras. El profesor universitario asintió con aprobación mientras el rostro del banquero se ensombrecía. He firmado un acuerdo de colaboración con la universidad para establecer aquí un centro de investigación y banco genético de variedades en peligro. Recibiremos financiación para infraestructura y personal y mantendremos la autonomía para desarrollar el proyecto según nuestra visión.

Miró directamente a sus hermanos. No voy a fusionar mi terreno con los vuestros, pero os ofrezco algo diferente. La universidad está interesada en estudiar métodos de agricultura sostenible para combatir la sequía. Vuestras tierras podrían formar parte del proyecto como parcelas experimentales. Recibiríais financiación para implementar sistemas de riego eficientes y técnicas de cultivo sostenible bajo la supervisión científica del centro. Mantendríais la propiedad, pero trabajaríamos juntos en un proyecto mayor que nosotros mismos. Raúl y Javier se miraron sorprendidos por esta propuesta inesperada.

¿Y qué pasa con nuestras deudas?, preguntó finalmente Raúl. La financiación inicial del proyecto cubrirá parte de ellas, respondió Elena. Para el resto, he negociado con el banco un plan de refinanciación basado en el valor añadido que el proyecto universitario aportará a vuestras tierras. El banquero carraspeó. Debo aclarar que esto aún no está formalmente aprobado por el comité de riesgos. Lo estará, interrumpió Elena con firmeza. A menos que el banco prefiera ejecutar hipotecas sobre tierras que podrían formar parte de un proyecto de investigación internacional con apoyo de fondos europeos, el hombre guardó silencio, reconociendo la sutil amenaza.

Este centro, continuó Elena, dirigiéndose ahora a todos, no será solo mío. Propongo crear una fundación sin ánimo de lucro que lo gestione, con un patronato que incluya a representantes de la universidad. del pueblo y a aquellos que han sido fundamentales en su creación. Miró a don Sebastián, a Martín y a Lucía. Vuestro conocimiento, apoyo y visión han sido tan importantes como mi trabajo. Merecéis formar parte de esta historia. Don Sebastián, con lágrimas en los ojos, asintió lentamente.

Has honrado el verdadero legado de tu padre, muchacha. No el que te dejó en su testamento, sino el que llevaba en su corazón de joven. Pero intervino Javier, a un escéptico, ¿cómo viviremos de esto? Un centro de investigación no genera ingresos como un olivar comercial. Elena sonríó. Ahí está la segunda parte del plan. Junto al centro de investigación desarrollaremos una línea de productos gourmet basados en nuestras variedades recuperadas. No buscaremos el volumen, sino la calidad y la historia.

Cada frasco de mermelada, cada botella de sumo, cada fruta vendida, contará la historia de una variedad salvada de la extinción. Sacó de una pequeña nevera portátil varios frascos etiquetados artesanalmente. Mermelada de manzana Reineta del Alto. Variedad recuperada, 2025. La etiqueta mostraba una ilustración del huerto y un código QR. Cada producto incluirá información sobre su origen, su historia y su importancia para la biodiversidad. No venderemos solo comida, venderemos conocimiento, conciencia, conexión con nuestra tierra. Pasó los frascos para que todos pudieran examinarlos.

Ya tenemos pedidos de tiendas gourmet en Madrid y Barcelona. El chef del restaurante con estrella, Micheline, que se abrió en la capital provincial el año pasado, quiere usar exclusivamente nuestras frutas y tres escuelas de hostelería nos han pedido organizar visitas formativas. La sorpresa era evidente en todos los rostros. ¿Cómo había organizado todo esto en apenas una semana? No he dormido mucho, admitió Elena con una sonrisa cansada, como si leyera sus pensamientos. Pero cuando tienes clara tu visión, las piezas encajan más rápido de lo que imaginas.

El sol comenzaba a ponerse bañando el huerto con una luz dorada que hacía brillar las hojas de los árboles como pequeñas llamas. Era una vista hermosa que parecía bendecir el momento. “Entonces, ¿qué decís?”, preguntó finalmente Elena. “¿Me acompañáis en este sueño?” Don Sebastián fue el primero en hablar. Mis viejos huesos ya no sirven para mucho trabajo físico, pero mis conocimientos y mis semillas están a tu disposición siempre. La universidad respalda plenamente este enfoque, añadió el profesor. De hecho, es exactamente el tipo de proyecto que necesitamos.

Ciencia con raíces en la tradición y los ojos en el futuro. Martín se acercó a Elena y tomó su mano con una naturalidad que hizo que algunas cejas se alzaran. sabes que estoy dentro. Mi conocimiento técnico y todo lo que soy está contigo en esto. Lucía asintió entusiasmada. La biblioteca municipal puede ser el centro de documentación del proyecto. Tenemos espacio y recursos para crear un archivo especializado. Todos miraron entonces a Raúl y Javier, que mantenían un silencioso debate entre ellos con miradas y gestos.

Finalmente, Raúl habló. Es un plan arriesgado”, dijo siempre el pragmático. “Pero reconozco que está bien pensado si la universidad lo respalda y hay financiación real.” Suspiró, “Estamos dentro. Aunque”, añadió Javier, “tendremos voz en las decisiones, ¿verdad? No seremos simples trabajadores en tierras que son nuestras. Tendréis voz como todos los miembros del patronato”, confirmó Elena. Pero las decisiones se tomarán por el bien del proyecto, no por intereses individuales. Esa es la condición innegociable. Los hermanos asintieron reconociendo la justicia de esa postura.

El banquero, viendo que el viento soplaba definitivamente en otra dirección, adoptó rápidamente una nueva actitud. El Banco Agrícola estará encantado de colaborar con un proyecto tan visionario”, declaró como si hubiera apoyado la idea desde el principio. Podríamos incluso considerar una línea de crédito especial para las necesidades iniciales de infraestructura. “Lo estudiaremos”, respondió Elena con diplomacia. “Pero primero necesitamos ver aprobada esa refinanciación de la que hablamos.” Mientras la reunión se disolvía entre conversaciones animadas y planes preliminares, Elena se apartó un momento para contemplar su huerto en la luz del atardecer.

Los árboles, que meses atrás parecían esqueletos sin esperanza, ahora se erguían vibrantes de vida, con pequeños frutos formándose en sus ramas y hojas brillantes meciéndose en la brisa. Don Sebastián se acercó lentamente, apoyado en su bastón. ¿Sabes? Cuando te vi por primera vez aquí llorando bajo ese manzano, algo me dijo que no eras como los demás, comentó el anciano. La mayoría habría vendido este terreno por cuatro perras o lo habría abandonado como hizo tu padre, pero tú viste lo que nadie más podía ver.

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