El poderoso magnate rompió a llorar cuando se dio cuenta de que la joven camarera no era otra que su hija, que había estado desaparecida durante quince años, una revelación impactante que expuso el plan cuidadosamente orquestado por su esposa.

Y ahora… esa jovencita estaba allí, llena de vida, y cada fibra de su ser gritaba: *¡Es ella!*.

"¿Cuántos años tienes?", susurró.

"Quince... casi dieciséis", respondió Lily, inquieta por la intensidad de su voz.

Margaret dejó caer el tenedor. El sonido fue leve, pero Edward lo oyó como un disparo.

"Tenemos que hablar", dijo, demasiado rápido, demasiado firme. "Ahora mismo".

Lily dio un paso atrás.

"Señor, yo... estoy de servicio".

Edward se giró hacia el director, que se había acercado con aspecto preocupado.

"Le pago el descanso. Ahora".

Margaret agarró el brazo de Edward, clavándole las uñas.

"Estás perdiendo la cabeza. Siéntate. Estás haciendo el ridículo".

Edward se apartó, sin violencia, pero sin dudarlo.

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