El Precio de la Perfección: La Revelación de la Dama del Miedo

4. El Lazo Dorado y la Redención
A la mañana siguiente, Mateo no apareció. Don Emilio estaba pálido.

“Voy a buscarlo,” dijo Clara.

La vecina le dio el dato mortal: “Una señora elegante vino en coche. Dijo que lo llevaría a conocer un sitio bonito.”

Clara corrió al restaurante. “Beatriz se ha llevado al niño.”

Don Emilio buscó la vieja fotografía. Detrás de la joven Bea Rojas, se veía una niña sonriente. Mismos ojos que Mateo.

“Esa niña,” dijo Emilio en voz baja, “era su hermana. Se llamaba Marina. Murió en el incendio… o eso creímos todos.”

“Y si no murió,” interrumpió Clara. “Y si sobrevivió y tuvo un hijo. Mateo podría ser su sobrino. El último lazo.”

Condujeron a la finca de Beatriz. Un olor a jazmín y misterio.

En el patio, la escena. Beatriz estaba arrodillada, mostrándole a Mateo un colgante dorado en forma de flor.

“Era de mi hermana,” decía con voz temblorosa.

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