El secreto de la noche de bodas

Estaba radiante.

Me sentía segura.

Era feliz.

Después de la ceremonia, fuimos a su casa, ahora nuestra. Fui al baño a desmaquillarme, quitarme el vestido y saborear el momento.

Cuando regresé a la habitación…

Estaba sin aliento.

Steve estaba sentado en el borde de la cama, con la cabeza gacha y las manos temblorosas.

Nada en la escena parecía romántico.

Nada se parecía a la noche que había imaginado.

"¿Steve?", pregunté confundida.

Levantó la cara. Estaba pálido.

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