Asintió, avergonzado.
“Ya no puedo. Físicamente. No de la manera tradicional. Esperaba que… con el tiempo, las cosas mejoraran. Que antes de la boda pudiera darte la vida plena que mereces. Pero no fue así. Y esta noche, en nuestra noche de bodas, no quiero fingir ser alguien que no puedo ser.”
Permanecí en silencio. No porque estuviera enojada.
Sino porque esa confesión contenía verdad, dolor y valentía.
Me senté a su lado.
"Steve... ¿por qué no me lo dijiste antes?"
"Porque tenía miedo. Miedo de perderte. Miedo de que me vieras como menos.
Y cuando me di cuenta de que te amaba... ese miedo solo se hizo más fuerte."
Sus palabras no eran excusas; eran pura vulnerabilidad.
Respiré hondo y le tomé la mano.
"No me casé con un cuerpo. Me casé con un hombre. Me casé contigo."
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
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