Mónica la interrumpió bruscamente. “Te contrataron para limpiar y supervisar, no para dar diagnósticos médicos. Si sigues justificando su mal comportamiento, puedes buscar otro trabajo,” amenazó con una sonrisa gélida.
El miedo al desempleo la mantenía en silencio durante el día. Pero su conciencia no estaba paralizada.
Vio el terror en los ojos de Leo al caer la noche. Un miedo primario. Ningún niño debería sentirlo.
Sabía que Javier no era un mal hombre. Solo un padre ciego. Manipulado. Pero esa ceguera le estaba costando a su hijo la cordura. La integridad física.
Clara se dio cuenta de lo que nadie más vio. Su miedo tiene una causa real.
La Revelación del Lujo
Aquella fatídica noche, tras los gritos y la puerta cerrada, la casa se sumió en un pesado silencio.
Javier, tras la discusión, tomó un fuerte sedante. Se durmió de inmediato.
Clara esperó. Pacientemente. Se aseguró de que los adultos estaban en la cama. La casa estaba en silencio.
Con una pequeña linterna en el bolsillo del delantal. Corazón latiéndole con fuerza.
Fue a la habitación del niño.
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