El Secreto de la Seda Blanca

Clara pasó la mano suavemente por la superficie. Suave. Normal.

Pero entonces, recordó. Cómo Javier había obligado a bajar la cabeza del niño. Con su peso.

Presionó su palma abierta contra el centro de la almohada. Aplicando una fuerza real.

En el instante en que Clara presionó, dejó escapar un grito ahogado. Retrocedió instintivamente.

Una puñalada múltiple y aguda le atravesó la piel de la palma.

Al mirarse la mano, vio pequeñas gotas de sangre brotar.

El cruel truco quedó al descubierto.

El objeto era suave al tacto. Pero se convertía en un arma al ser golpeado con el peso de una cabeza.

La furia reemplazó al miedo. No se trataba de fantasmas ni de alergias. Se trataba de una trampa sádica. Tendida para dañar a un niño.

Clara no dudó más. Encendió la luz principal. Inundando el espacio con una luz reveladora.

Corrió al pasillo. Llamando a gritos a su jefe. Con una urgencia que ignoraba toda etiqueta.

“¡Señor Javier, venga ya! ¡Tiene que ver esto!” Su voz resonó en la silenciosa mansión.

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