Javier salió de su habitación, aturdido, todavía en bata.
Mónica pisándole los talones. Fingiendo confusión e irritación por el ruido.
“¿Qué significa esto, Clara? ¿Te has vuelto loca? Son las 3 de la mañana,” preguntó Javier, entrando en la habitación con paso pesado.
Clara estaba de pie junto a la cama. Sosteniendo unas tijeras de costura que había traído escondidas en su delantal.
Tenía los ojos llenos de lágrimas de indignación. Su mano era firme.
Leo, acurrucado en un rincón, observaba aterrorizado.
“Dijiste que era rebelde. Lo obligaste a quedarse aquí,” dijo Clara con voz temblorosa. “Mira dónde ponías a tu hijo.”
Antes de que Javier pudiera detenerla, Clara hundió las tijeras en la costosa almohada de seda. La rasgó sin piedad.
El sonido de la tela al rasgarse fue seguido por un silencio de asombro.
Metió la mano en el relleno de plumas. Lo volteó sobre la sábana oscura.
Lo que cayó no eran solo plumas suaves.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
