El pie reaccionó. Débil, pero reaccionó.
“Todavía existe conexión neural,” dijo Elena, con una calma brutal. “No es fuerte, pero está viva. Podemos trabajar con eso.”
Javier recordó al Dr. Ramírez diciendo que era imposible. Elena lo miró con seriedad. “El Doctor Ramírez se rinde demasiado rápido. Yo no.”
El plan era un asalto total a la parálisis. Ejercicios, estímulos sensoriales, masajes profundos, música. Todo documentado.
El riesgo era real. Si el Dr. Ramírez se enteraba, podían acusar a Elena de ejercicio ilegal. Javier de negligencia.
“Yo asumo el riesgo,” dijo Elena. “¿Y usted?”
Javier no dudó. Pensó en Sofía. “Vamos a intentarlo.”
Los días pasaron en una tensión eléctrica. Mateo sostuvo su peso en las piernas por tres segundos, luego cinco. Un grito ahogado de Elena. Lucas movió el brazo, coordinado, no un espasmo. Javier grababa en silencio. Guardaba la evidencia.
VI. LA INSPECCIÓN Y EL PASO
Entonces, el infierno. El sexto día. El Dr. Ramírez apareció. Sin avisar. Entró usando su autorización médica. Sus ojos fríos escanearon la sala. “¿Qué está pasando aquí? ¿Quién es esta mujer?”
“Es fisioterapeuta. Nuevos ejercicios.”
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