El último regalo de mi marido.

Y entonces vi: el fondo del frasco se había desprendido. En la alfombra no estaba el líquido rosa que esperaba, sino un pequeño paquete envuelto en plástico transparente.

Me dio un vuelco el corazón.

Desenvolví el plástico con cuidado. Dentro había una cadena fina con un pequeño colgante en forma de corazón y un pequeño trozo de papel doblado.

La cadena no era una joya barata; el metal frío y pesado brillaba de verdad. Incluso sin un experto en joyería, sabía que era oro. Fina, femenina, la clase de joya que se usa a diario, no solo en ocasiones especiales.

Me temblaban las manos al abrir la nota.

Sergeev

La letra me resultaba familiar, ligeramente inclinada hacia la derecha.

"Lenka.
Sé que probablemente te enfades al ver esta botella. Por eso decidí esconder el verdadero regalo.
Siempre dijiste que el lujo es atención. Así que hice lo que pude.
Mira el fondo.
Te quiero.
S."

Me dejé caer al suelo junto al armario abierto. Se me hizo un nudo en la garganta y me ardían los ojos.

Él sabía que me enfadaría. Anticipaba mi dolor. Jugaba con sus extrañas sorpresas, como siempre, y no tuvo tiempo de decirme qué tenía planeado.

"Dios mío, Seryozha...", susurré, apretando la nota contra el pecho. "¿Qué he hecho?"

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