De repente sentí que no se trataba solo de dinero. Era su conversación inconclusa conmigo. Su: «Arreglaré todo lo que he hecho».
Cerrar la cuenta habría significado el cierre. Y yo aún no estaba preparada para eso.
Etapa 7. Reviviendo lo que parecía lejano
En las semanas siguientes, miré nuestra vida juntos desde una nueva perspectiva.
Cada escena, cada discusión, la recordaba de forma diferente.
Una vez pensé que era mezquino comprándome regalos baratos. Ahora lo entendía: simplemente tenía miedo de gastar más de lo que había ahorrado "para nosotros".
Recuerdo que me dijo: "Lyon, no vayamos a ese restaurante, hagámoslo en casa".
Eso también está bien.
En aquel entonces, lo percibía como tacañería. Ahora lo entendía como: "No lo desperdiciemos, tengo algo planeado".
Me daba vergüenza cada vez que lo comparaba con los maridos de mis amigas:
"El marido de Katya nos lleva a la playa todos los años... y el mío siempre está haciendo chapuzas en su garaje".
Pero resulta que no solo estaba "chapuceando": ganaba un dinero extra reparando coches ajenos, en lugar de relajarse los fines de semana. Ese dinero también se destinaba a la misma entrada.
Llevaba el collar con el corazón todos los días. A veces me sorprendía hablándole como si fuera él.
"Seryozha, ¿por qué lo has complicado todo tanto?", susurraba por las mañanas, abrochando el cierre. "¿No podrías habérselo dado y decirle: 'Lena, estoy ahorrando para nuestro sueño'?".
Pero, siendo sincera, sabía la respuesta.
Era así. Reticente, torpe, pero con su propio sentido del romance.
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