1000 € respondió ella, a veces menos y me quitan horas. Y las horas extras. Lucía sonrió con amargura. No existen para nosotros. No. Marco cerró el cuaderno con fuerza. Antes de que pudiera decir más, la puerta del almacén se abrió de golpe. “Sergio, ¿qué está pasando aquí?”, preguntó mirando a Lucía como si hubiera cometido una traición. Marco se giró despacio. “Estamos hablando.” “¿Hablando de qué?” Sergio soltó una risa seca. “De la pequeña ladrona. Porque si quiere tengo las cámaras para enseñarle todo.
Marcos dio un paso al frente. Sergio, basta. Sergio parpadeó desconcertado. Basta. Tú y yo tendremos una conversación seria en la oficina ahora. El tono no admitía discusión, pero Sergio, cegado por el ego, insistió. Marcos, de verdad, está claro que la chica quiere aprovecharse. Yo la tengo controlada. Usted sabe que yo siempre mantengo el orden aquí. Marcos lo interrumpió con una frialdad que lo desarmó. Ayer humillaste a una persona que trabaja más horas de las que debería sin pagarlas.
Le tiraste su comida y encima la llamaste perro callejero. La cara de Sergio perdió color. Marcos, ¿puedo explicarlo? Perfecto, dijo él señalando la puerta. Explícalo arriba con todo lo que has hecho. Sergio tragó saliva intentando recomponerse. Y tú, le dijo a Lucía señalándola. En cuanto termine esta conversación hablamos tú y yo. Marco se interpusó. No, con ella hablo yo. Y cualquier conversación sobre su futuro en este restaurante la decidiré yo, ¿no? Tú. Sergio lo miró helado. Por primera vez entendió que estaba perdiendo el control.
Subieron juntos por las escaleras. La puerta de la oficina se cerró con fuerza detrás de ellos. El silencio que quedó abajo era extraño, casi eléctrico. Lucía respiró hondo. Sabía que algo grande estaba a punto de ocurrir, pero aún no podía imaginar que lo que se estaba decidiendo en esa oficina no solo cambiaría el rumbo de su trabajo, sino el de toda su vida. La puerta de la oficina llevaba casi 20 minutos cerrada. Desde abajo, Lucía escuchaba murmullos tensos, golpes secos sobre la mesa y el tono agitado de Sergio intentando defenderse.
El corazón le latía tan fuerte que casi no escuchaba nada más. Finalmente, un silencio abrupto llenó el restaurante. Luego, pasos. La puerta se abrió. Sergio salió primero con la camisa arrugada, la cara pálida y los ojos desorbitados. caminó hacia las escaleras sin mirar a nadie, con las manos temblando. Apenas alcanzó a tropezar con una silla antes de dirigirse hacia la salida trasera. Sergio, lo llamó Marcos desde lo alto de la escalera. Recogerás tus cosas mañana. Alguien te avisará a qué hora pasar.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
