"Emily", dijo bruscamente, sin saludar, "¿por qué no has pagado todavía el alquiler de este mes? La hipoteca vence".
Casi me río. "¿El alquiler? Linda, ya no vivo allí. Me echaste".
La voz de Heather chillaba de fondo. "¡Todavía tiene que pagar! ¡Lo prometió! ¡Nos debe!"
En ese momento todo quedó clarísimo.
"No", dije con calma. "No te debo nada. Ni el alquiler. Ni la ayuda. Ni el dinero. Nada".
"¡No puedes abandonarnos así como así!", espetó Linda.
"Ya lo hice", respondí.
El silencio en la línea fue electrizante.
Dos días después, Mark llegó a casa.
Cuando lo recogí en el aeropuerto, me miró a la cara y supo que algo andaba mal. Una vez en el coche, la verdad salió a la luz: el ultimátum de Linda, la sonrisa de Heather, cómo me echaron sin apenas una hora de aviso.
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