ELLA PASABA LA NOCHE DE NAVIDAD CON SU HIJO… HASTA RECIBIR LA VISITA INESPERADA DEL JEFE MILLONARIO

En la sala de urgencias, el mundo de Federico se derrumbó de una forma nueva: allí su dinero no era una varita mágica. Era un número más. Esperaron horas. Federico quiso llevarlos a un hospital privado, ofrecer su plan, pagar. Bianca dijo que no, con una dignidad feroz.

—Si empiezo a aceptar tu ayuda… ¿dónde termina? —dijo, con los ojos rojos—. No quiero deber cosas que no puedo pagar. No puedo ser dependiente de un favor que podría desaparecer.

Federico entendió, con un dolor silencioso, que esa cautela era su modo de sobrevivir. Y la respetó.

Cuando finalmente los atendieron, el diagnóstico fue una infección de oído. Común. Tratamiento con antibiótico. Alivio. A las once de la noche, Gael dormía por fin y la fiebre bajaba.

Federico los llevó a casa. Subió al apartamento, acomodó al niño en la cuna, y se quedó un momento mirando esa respiración tranquila como quien mira un milagro.

—Eres una madre increíble —le dijo a Bianca.

Ella lloró sin ruido.

—Siento que improviso todo el tiempo.

Federico le secó las lágrimas con el pulgar.

—Hoy vi amor. Eso no se improvisa.

Y entonces, casi sin querer, dijo lo que ya era verdad:

—Estoy enamorándome de ti.

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