Todavía había momentos en los que Thomas miraba a su hijo y Rosa veía la culpa atravesar su rostro como una sombra, pero lo estaban intentando. Todos los días se despertaban y lo intentaban de nuevo. Y a veces eso era todo lo que se podía hacer. ¿Sabes? Si has llegado hasta aquí es porque algo en esta historia te ha conmovido.
Quizás conozcas a alguien como Rosa. Quizás seas alguien como Rosa, alguien que vio algo malo y tuvo que elegir entre callarse o arriesgarlo todo. O tal vez seas como Thomas, alguien que se perdió tanto en su propio dolor que se olvidó de mirar a su alrededor. Alguien que necesita un empujón, un grito, un mensaje en medio de la noche para recordar lo que realmente importa.
No importa quién seas, lo que importa es que estás aquí, lo has visto, lo has sentido y eso ya es un comienzo. No todas las historias tienen un final feliz. Algunas solo tienen supervivencia. Algunas solo tienen un día menos de dolor, una noche más de paz. Y está bien, porque los nuevos comienzos no tienen por qué ser perfectos, solo tienen que ser reales.
Gracias por haber estado conmigo hasta aquí. Gracias por haber dedicado tu tiempo, tu atención, tu corazón a una historia que no ha sido fácil de contar, pero que tenía que ser contada. Si conoces a alguien que necesite escuchar esto, que vale la pena hacer lo correcto, incluso cuando duele, incluso cuando cuesta todo, comparte esta historia porque tal vez llegue a la persona adecuada en el momento adecuado.
Y si quieres continuar este viaje con nosotros, hay otro vídeo esperándote. Otra historia, otra vida que merece ser recordada. Nos vemos allí. Cuídate y cuida de los tuyos.
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