“Les he extrañado cada día”, dijo finalmente Linda, su voz quebrada por la emoción. “No ha pasado un solo momento en que no pensara en ustedes, en que no las buscara.” Emma se levantó lentamente y para sorpresa de todos caminó hacia su madre. “Te recuerdo”, dijo simplemente. “Recuerdo que cantabas cuando nos bañabas.
” Linda asintió, extendiendo una mano temblorosa que Ema, tras un momento de vacilación tomó. Fue un contacto breve, apenas unos segundos, pero representaba el primer puente tendido sobre el abismo de años perdidos. Sara permaneció inmóvil. Sus ojos fijos en la escena con una mezcla de emociones contradictorias.
“Papá dijo que nos habías olvidado”, dijo finalmente su voz cargada de acusación y duda. “Nunca”, respondió Linda con firmeza renovada. “Nunca dejé de buscarlas. Tengo cajas llenas de carteles con sus fotos, grabaciones de cada entrevista que di pidiendo información, diarios donde escribía cartas para ustedes cada noche. La sesión duró apenas 20 minutos. El tiempo máximo que los especialistas consideraron prudente para este primer encuentro fue emocionalmente agotador para todos los involucrados, pero representó un paso crucial en el largo camino hacia la recuperación. En las semanas siguientes las visitas se hicieron más frecuentes y extensas. Ema
estableció rápidamente un vínculo renovado con su madre, mientras que Sara avanzaba con más cautela, alternando entre momentos de apertura y retraimiento defensivo. A principios de mayo, el equipo médico determinó que las niñas estaban físicamente recuperadas y podían ser dadas de alta del hospital.
Los interión a un entorno familiar presentaba nuevos desafíos. ¿Dónde vivirían? ¿Cómo se reintegrarían a la sociedad después de 5 años de aislamiento? La solución temporal fue un programa especializado en trauma infantil que disponía de casas de transición. Linda se mudó a un apartamento cercano visitando a sus hijas diariamente mientras continuaba su formación para manejar las secuelas psicológicas que enfrentarían en los años venideros.
El mundo exterior resultaba abrumador para las hermanas Wilson. Emma, fascinada inicialmente por cada nuevo descubrimiento, experimentaba ataques de pánico en espacios abiertos o muy concurridos. Sara, más cautelosa, observaba todo con suspicacia, como esperando confirmar las advertencias de su padre sobre los peligros que las acechaban.
Es como si hubieran aterrizado en un planeta extraño”, comentó uno de los terapeutas. Tienen que aprender códigos sociales, tecnología, referencias culturales, todo lo que otros niños absorben gradualmente durante años. Mientras tanto, el juicio contra Richard Wilson captaba la atención nacional. Los medios de comunicación acampaban fuera del juzgado, ábidos de detalles sobre lo que ya se conocía como el búnker de Minnesota.
La fiscalía había rechazado cualquier posibilidad de acuerdo, buscando la pena máxima para enviar un mensaje claro sobre la gravedad del crimen. La agente Diana Reeves, quien había dedicado 5 años de su vida a este caso, asistía a cada sesión del juicio. Para ella, el caso Wilson nunca había sido solo un expediente más.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
