recordó con voz temblorosa. Cuando fue el turno de Richard, su actitud cambió drásticamente. Frente a la agente Ribs se mostró destrozado, cooperativo y preocupado. Proporcionó nombres de posibles sospechosos. Un vecino que había sido acusado de conducta inapropiada años atrás. Un profesor de la escuela que, según él, miraba demasiado a las niñas.
Incluso mencionó a un primo lejano de Linda con antecedentes por drogas. Los días se convirtieron en semanas, se rastrearon registros telefónicos, se analizaron cámaras de seguridad de negocios cercanos, se interrogó a decenas de personas. La historia de las hermanas Wilson apareció en los noticieros nacionales y sus rostros sonrientes se mostraron en vallas publicitarias a lo largo de las carreteras estatales.
A medida que el invierno daba paso a una primavera tardía, la esperanza comenzaba a desvanecerse. Linda se mudó temporalmente con sus padres, incapaz de soportar el silencio de la casa vacía. Richard, por su parte, dejó su trabajo en Minneappolis y alquiló una pequeña cabaña en las afueras de Pine Creek, según él, para estar disponible para la investigación.
En el pueblo, la vida intentaba seguir su curso, pero la desaparición de las niñas Wilson había dejado una herida abierta en la comunidad. Siento cada avistamiento de un vehículo desconocido, cada ruido extraño en el bosque despertaba esperanzas que rápidamente se desvanecían. Lo que nadie sabía entonces era que la respuesta al misterio no se encontraba en los oscuros bosques de Minnesota ni en las profundidades del lago helado.
La verdad estaba mucho más cerca, oculta bajo capas de engaño y una fachada de normalidad que pronto comenzaría a resquebrajarse. La primavera de 2002 trajo consigo un renovado esfuerzo en la búsqueda de Sara y Emma Wilson. Con el deelo, los equipos pudieron acceder a zonas previamente inaccesibles, pero cada nueva expedición terminaba con el mismo resultado desalentador.
El caso comenzaba a enfriarse, como tantos otros de niños desaparecidos que eventualmente se convertían en archivos polvorientos en algún almacén del FBI. La agente Revives, sin embargo, se negaba a rendirse. Había algo en este caso que le resultaba particularmente inquietante, una sensación persistente de que estaban pasando por alto algo fundamental.
Quiero revisar nuevamente todos los movimientos de Richard Wilson el día de la desaparición”, le dijo al Sheriff Jameson durante una reunión en mayo. “Sus coartadas son demasiado perfectas, demasiado preparadas. Jameson asintió, aunque con cierto escepticismo. Lo hemos investigado exhaustivamente. Diana estuvo en esa reunión en Minneappolis. Hay testigos, registros de la tarjeta de acceso al edificio.
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