En menos de 24 horas, un equipo táctico del FBI rodeaba discretamente la casa de los Wilson. Richard, ajeno a lo que había sucedido con su esposa, se encontraba solo en la propiedad. El momento de la verdad se acercaba. Después de 5co años de búsqueda de pistas falsas y corazonadas, estaban a punto de descubrir si el sótano de Richard Wilson guardaba el secreto más oscuro de Pine Creek.
La mañana del 17 de febrero de 2006 amaneció gélida en Pine Creek. A las 6:30 a, bajo un cielo plomiso que amenazaba con otra tormenta de nieve, el equipo táctico del FBI tomó posiciones alrededor de la casa de los Wilson. La agente Diana Revives, vistiendo el chaleco antibalas reglamentario, repasó por última vez los detalles de la operación con el sherifff Jameson.
Queremos minimizar cualquier riesgo”, explicó con voz tensa. Si realmente hay alguien detrás de esa pared, una entrada violenta podría provocar que Richard reaccionara de manera impredecible. El plan era simple, pero preciso. Un equipo se acercaría a la puerta principal mientras otro cubría la parte trasera de la propiedad.
utilizarían el pretexto de una emergencia relacionada con Melissa para que Richard abriera voluntariamente. A las 7:05 a, el timbre de la casa sonó. Richard, visiblemente somnoliento y confundido, abrió la puerta vistiendo un pantalón de pijama y una camiseta arrugada. Sr. Wilson, preguntó el agente que lideraba el equipo. Su esposa Melissa ha sufrido un accidente. Necesitamos que nos acompañe al hospital inmediatamente.
La confusión en el rostro de Richard dio paso rápidamente a la alarma. Melissa, pero si ella está. Se detuvo abruptamente como si hubiera estado a punto de revelar algo crucial. ¿Dónde está su esposa, señr Wilson?”, presionó el agente. Ella salió ayer a comprar medicinas y no ha vuelto, respondió finalmente. Pensé que había ido a visitar a su hermana en Dulut.
Fue en ese momento cuando Diana Reves se adelantó mostrando la orden de registro. “Richard Wilson, tenemos una orden judicial para registrar estas instalaciones. Por favor, apártese de la entrada. El rostro de Richard palideció visiblemente. Por un instante, pareció considerar la posibilidad de resistirse, pero al ver a los agentes armados que rodeaban su propiedad, sus hombros se hundieron en señal de derrota.
“Esto es un error”, murmuró mientras los agentes entraban en la casa. “No encontrarán nada aquí.” El equipo se dividió metódicamente para registrar cada habitación. Rifs y dos especialistas en estructuras se dirigieron directamente al sótano. La agente no pudo evitar contener la respiración mientras descendía por las escaleras.
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