Seema solo supo la verdad al abrir la caja fuerte que Ramon había dejado. Su mundo entero se derrumbó. Todos los secretos, todas las verdades, salieron a la luz, y Selena cayó de rodillas entre los archivos, documentos y objetos que Ramon había estado recopilando en silencio durante años.
Durante cinco años, Selena vivió en una jaula invisible. Su esposo, Ramón Verano, era ingeniero senior en una empresa de software en Manila. A pesar de ganar cincuenta mil pesos al mes, cada mañana, antes de salir a trabajar, dejaba solo un billete de cien pesos en la mesa de la cocina.
“Por hoy”, decía siempre con una voz tranquila, casi mecánica.
Al principio, Selena pensó que era solo una broma, una forma de organizar los gastos. Pero con el tiempo, esta costumbre se convirtió en un muro invisible entre ellos. Siempre que Selena intentaba hablar de ello, Ramón cambiaba de tema, ofreciendo solo una sonrisa cansada y una breve frase:
Selena, confía en mí. Todo está bajo control.
Selena se esforzó por confiar en él, o al menos se obligó a hacerlo. Sin embargo, al ver a sus amigos comprando, viajando o simplemente disfrutando de la vida, sentía una vergüenza y un resentimiento silenciosos que crecían día a día. Sospechaba que Ramón ocultaba algo: tal vez otra mujer, una familia secreta, una doble vida. Muchas noches, lo veía dormir y se preguntaba quién era realmente el hombre que yacía a su lado.
Todo cambió aquel martes de abril. A las 7 de la mañana, Ramón salió de casa a toda prisa, más serio que de costumbre. Selena le dijo que necesitaban hablar cuando regresara. Él asintió.
A las 11 de la mañana, sonó el teléfono. Era la policía. Un accidente de tráfico en la autopista North Luzon, cerca del kilómetro 39. Ramón perdió el control del coche al esquivar un camión. Murió en el acto.
El mundo de Selena se derrumbó. El día siguiente pasó como un rayo: el funeral, los documentos, las flores y los amigos que le ofrecían palabras vacías. Todo pasó flotando ante ella como si no estuviera allí.
Una semana después, el notario le entregó una pequeña caja fuerte metálica con llave. Era la misma caja fuerte que Ramón guardaba cerrada en el estudio, escondida dentro de un armario con código. Selena dudó antes de abrirla. Dentro había archivos, facturas, cuadernos escritos a mano por Ramón y una memoria USB.
Encima había una carta con su nombre:
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