En Filipinas, un hombre llamado Ramón Verano ganaba cincuenta mil pesos al mes, pero le daba a su esposa Selena solo cien pesos al día. Durante cinco largos y amargos años, Selena vivió atrapada entre la sospecha y el silencio, dolida, humillada y convencida de que Ramón escondía a otra mujer.

Para Selena. Si estás leyendo esto, ya no estoy contigo.

Le temblaban las manos al abrirlo. La primera línea le heló la sangre:

Perdón por años de silencio. Hice todo esto por ti.

Selena leyó la carta con el corazón encogido. Ramón escribió que hacía cinco años, su empresa había estado implicada en una importante investigación de fraude fiscal y soborno internacional. Había descubierto documentos que involucraban a altos funcionarios y políticos. Cuando intentó denunciarlo internamente, se convirtió en blanco de amenazas.

Para proteger a Selena, ocultó su cómoda vida y sus gastos restringidos. Cada peso que no le daba, lo transfería discretamente a cuentas seguras en el extranjero, lejos del alcance de quienes intentaban silenciarlo.

«Si me pasa algo», continuaba la carta, «sigue las instrucciones del cuaderno azul. Allí encontrarás la verdad, y quizás una salida».

La libreta azul estaba llena de datos, direcciones, nombres y códigos bancarios. Abrumada, Selena se reunió con un abogado. Tras revisar los documentos, el abogado quedó impactado. Ramón había estado colaborando con un grupo de periodistas de investigación que preparaban un importante informe sobre corrupción.

Las amenazas no eran imaginarias: correos electrónicos impresos, fotografías engañosas, incluso balas selladas dentro de un sobre sin remitente.

Un escalofrío recorrió la espalda de Selena. Durante años había creído que Ramón era un marido frío y codicioso, pero en realidad, la había estado protegiendo de un peligro mucho mayor del que jamás imaginó.

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