En La Boda, La Suegra Le Dio A Mi Hija Un Uniforme De Empleada. Mi Yerno Rió: “Perfecto” Entonces Yo…

Me asomé. Era Micaela. Fue a la cocina, abrió el refrigerador, se quedó parada frente a la luz, mirando el contenido sin sacar nada. Me levanté y bajé. No puedes dormir. Ella dio un salto. No me había escuchado. Mamá, me asustaste. Perdón, mi amor. ¿Quieres que te haga algo? un té, leche caliente, no sé qué quiero. Se sentó en una de las sillas del comedor. Yo puse a calentar leche con canela. Roberto está muy enojado, dijo después de un rato.

Dice que tú me estás poniendo en su contra, que antes de la boda yo era diferente. ¿Y tú qué piensas? Pienso que todo era más fácil antes, cuando solo éramos novios, cuando él era dulce y atento. Las personas no cambian de la noche a la mañana, Micaela. Solo dejan de fingir. ¿Crees que él estaba fingiendo? Serví la leche en dos tazas. Me senté frente a ella. Creo que cuando un hombre está cortejando, muestra su mejor versión y cuando ya siente que te tiene, muestra su versión real.

Entonces el Roberto que conocí no era real. Tal vez era real, pero no era completo. Ahora estás viendo el panorama completo. Ella tomó un sorbo de leche. Una lágrima rodó por su mejilla. No sé si puedo hacer esto, mamá. Ser esposa, ser madre, vivir así. No tienes que vivir así. Hay otras maneras. Divorciarme. Acabamos de casarnos. Estoy embarazada. No puedo divorciarme. No estoy diciendo que te divorcies. Estoy diciendo que pongas límites, que le hagas saber que no puede tratarte como si fueras su propiedad.

Es más fácil decirlo que hacerlo. Lo sé, mi vida. Créeme que lo sé. Terminamos la leche en silencio. Luego la acompañé de regreso a su recámara. Mamá, sí. ¿Tú fuiste feliz con mi papá? La pregunta me tomó por sorpresa. Mucho. Tu papá era un buen hombre, pero tuvieron problemas. Todos los matrimonios tienen problemas, mi amor. La diferencia es cómo los resuelven. Tu papá y yo hablábamos, nos escuchábamos, nos respetábamos. Ninguno de los dos trataba de controlar al otro.

Roberto dice que controlar es otra forma de amar, que cuando alguien te ama quiere saber dónde estás, qué haces, con quién hablas. Eso no es amor, Micaela, eso es posesión. Y hay una diferencia enorme. Ella asintió lentamente. Buenas noches, mamá. Buenas noches, mi vida. A la mañana siguiente me desperté temprano. Bajé y preparé café. También hice huevos revueltos con frijoles. Roberto bajó primero. Venía vestido con un traje gris perfectamente planchado. Olía a lo cara. Buenos días, le dije.

Buenos días, respondió sin mirarme. Se sirvió café y se sentó a la mesa con su teléfono. Roberto, necesitamos hablar. No tenemos nada de que hablar. Yo creo que sí. Se trata de Micaela. Mi esposa no es tu problema, es mi hija. Siempre va a ser mi problema. Él levantó la vista del teléfono. Sus ojos eran fríos. Mire, Magdalena, sé que usted piensa que me conoce, que sabe exactamente qué tipo de hombre soy, pero no sabe nada. Sé suficiente.

Sí sabe que amo a su hija, que haría cualquier cosa por ella. Lo que veo es un hombre que está tratando de aislar a su esposa, de cortarla de sus amigas, de su familia, de todo lo que la hace sentir ella misma. Lo que usted ve es lo que quiere ver. Entonces, demuéstrame que estoy equivocada. No tengo que demostrarle nada. En ese momento bajó mi caela. Traía puesto un camisón viejo, el cabello despeinado. Se veía vulnerable. Buenos días”, dijo con voz pequeña.

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