Sentí que el corazón se me estrujaba. ¿Y tú cómo estás? No sé, mamá. Estoy confundida. Debería estar feliz. Es mi luna de miel. Pero, pero te está castigando con el silencio. Sí. Respiré profundo antes de hablar. Mi vida, escúchame bien. Si un hombre te castiga con el silencio, con el maltrato emocional, con hacerte sentir culpable por protegerte a ti misma, ese hombre no te ama, te quiere controlar. Y esas son dos cosas muy diferentes. Mamá, apenas nos acabamos de casar, lo sé.
Y tal vez Roberto solo está procesando todo. Tal vez mañana despierte y todo esté mejor. Pero si no es así, si en estos días te trata mal, si te hace sentir que tú hiciste algo malo al aceptar mi regalo, entonces ya sabes quién es realmente. Escuché que lloraba del otro lado. Tengo miedo, mamá. Lo sé, mi amor, pero ya no estás desprotegida. Recuerda eso. Tienes una casa, tienes opciones, tienes salida. Hablamos unos minutos más. Luego colgó porque Roberto había salido de la ducha.
No pude dormir en toda la noche. Los siguientes días fueron tortura. Micaela me llamaba cada día, pero las llamadas eran breves, tensas. Podía escuchar en su voz que algo no estaba bien. ¿Cómo va todo? Le preguntaba. Bien, mamá. Todo bien. Pero yo sabía que no era verdad. El quinto día de su luna de miel me llamó llorando. Mamá, necesito contarte algo. Dime, mi vida. Anoche Roberto y yo tuvimos una discusión horrible. me dijo que me dijo que el regalo que me diste fue una manipulación, que tú me estás poniendo en su contra, que ninguna esposa verdadera necesita tener propiedades a su nombre porque debe confiar en su marido.
Apreté el teléfono con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos. ¿Y qué le dijiste tú? Le dije que no era cierto, que tú solo me estabas protegiendo. Y entonces él él me dijo que si yo no vendía la casa y ponía el dinero en una cuenta conjunta con él, era porque no confiaba en él. Que si no confiaba en él, entonces, ¿para qué nos habíamos casado? Micaela me pasó toda la noche sin hablarme. Mamá durmió en el sofá de la suite.
Esta mañana hicimos las maletas en silencio. El vuelo de regreso es mañana y yo no sé qué hacer. Mi amor, escúchame. Lo que Roberto está haciendo tiene un nombre. Se llama Manipulación emocional. Te está haciendo sentir culpable por algo que no es tu culpa. Te está castigando por tener algo que es tuyo. Pero mamá, tal vez tiene razón. Tal vez debería confiar más en él. Confiar no significa entregarlo todo. Confiar no significa renunciar a tu seguridad. Confiar no significa ponerte en una posición de completa vulnerabilidad.
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