Y mientras sus rostros palidecían, una pregunta quedó flotando en el aire:
¿qué más les había ocultado durante todos estos años… y hasta dónde llegaría ahora que el juego había terminado?
El silencio posterior fue absoluto. Nadie se movía. Nadie respiraba con normalidad.
Javier fue el primero en reaccionar, levantándose de golpe.
—Esto es absurdo. ¡Estás delirando!
Beatriz se agarró al borde de la mesa.
—Ana, deja de hacer el ridículo.
Yo no respondí. Simplemente desbloqueé el móvil y abrí un correo electrónico. Lo giré hacia ellos.
—Contrato de adquisición. Fondo de inversión Torres Capital. Participación mayoritaria: 62%.
Javier leyó, línea por línea. Sus manos empezaron a temblar.
—Esto… esto no puede ser.
—Puede —respondí—. Y lo es.
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