Daniel sonrió con amargura.
—Llámalo como quieras. Genética, destino, locura hereditaria, rituales… todos tenemos nuestra versión. Pero hay algo que se repite en cada generación:
la primera noche de bodas… alguien muere.
El aire se volvió espeso, irrespirable.
—Estás… estás bromeando.
—Ojalá —susurró—. Pero no. Mi bisabuela murió la noche en que se casó. Luego mi abuela. Después la primera esposa de mi padre.
Me quedé helada.
—¿Tu padre estuvo casado antes?
Daniel asintió levemente.
—Y ella murió horas después de la boda. Una caída por las escaleras. Oficialmente fue un accidente… pero en esta familia nadie cree en accidentes.
Mi mente se llenó de un torbellino insoportable.
—Entonces… ¿tu padre…?
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