En la noche de bodas, mi suegro me deslizó en la palma de la mano un sobre con 5.000 dólares y susurró: «Si quieres seguir con vida, vete ahora mismo». Me quedé paralizada, como si el suelo se hubiera derrumbado bajo mis pies……

Y, en ese instante, la luz de la habitación parpadeó… y se apagó.

La oscuridad fue absoluta. Ni un rastro de luz se filtraba desde la ventana.
Solo escuché la respiración acelerada de Daniel… y la mía, que parecía desgarrarme el pecho.

—No te muevas —susurró él en la oscuridad—. Quédate cerca.

Pero mis piernas ya estaban temblando.
Di un paso hacia atrás. Tropecé con el borde de la cama.
El sobre con el dinero se me resbaló de las manos y cayó al suelo con un susurro de papel.

Entonces, en el silencio más asfixiante, escuchamos algo más.

Un paso.
Allí afuera.
En el pasillo.

Después otro.

Y otro.

Lentos.
Pesados.
Como si alguien caminara arrastrando algo.

Daniel se interpuso entre la puerta y yo. A pesar del miedo que lo sacudía, lo vi erguirse con una determinación casi desesperada.

—No dejes que entre —me dijo en voz baja—. Pase lo que pase… no lo mires a los ojos.

Un escalofrío heló mi sangre.

—¿A quién? —pregunté con un susurro quebrado.

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