A la mañana siguiente, Ethan y yo nos preparamos para salir de casa.
Pero al salir, la criada me entregó un sobre.
Dentro había una carta, con una letra que me resultaba familiar:
Claire, por favor perdóname.
El accidente de aquel entonces… yo no lo causé.
Pero lo dejé morir, porque creí que quería llevarte lejos.
Sólo quería mantenerte a salvo, pero ahora sé que la seguridad no es prisión.
“Dejad a mi hijo libre.”
Ethan terminó de leer, sin palabras.
Desde lejos, Margaret estaba junto a la ventana, con los ojos húmedos, pero más tranquila que nunca.
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