Disculpen. Dije contestando. Habla Jade Morales. Señorita Morales, tenemos una situación. Uno de nuestros empleados, Roberto Morales, no se presentó hoy y es la tercera vez este mes. Miré a mamá que había palidecido aún más. Roberto es mi primo. Le susurré. Despedimos al señor Morales, preguntó el gerente. Denle una oportunidad más. Respondí. Pero díganle que la nueva propietaria quiere verlo mañana a primera hora. Por supuesto, señorita. Colgué y sonreí a mamá. Roberto también trabaja para mí ahora. ¿Cuántas empresas tienes?
Susurró Carmen. Suficientes. Mamá se levantó abruptamente. Necesito irme. Tu papá me está esperando. Dale mis saludos y dile que los gastos médicos los pagará su seguro. El mismo seguro que he estado pagando durante 3 años sin que lo supieran. Se detuvo en la puerta. ¿Qué? $800 mensuales, mamá, durante 36 meses. Hagan los cálculos. Después de que se fueron, me quedé sola en mi oficina. Era extraño estar del otro lado del poder por primera vez en mi vida.
Mi asistente, una mujer llamada Patricia, entró con una taza de café. ¿Necesita algo más, señorita Morales? Sí, respondí. Quiero los expedientes de todos los empleados que llevan menos de 3 años en la empresa. Puedo preguntar por qué. Voy a descubrir si hay más familiares míos escondidos en la nómina. Esa noche en mi hotel revisé cada expediente. No solo Roberto y Carmen trabajaban para mí. Mi cuñado estaba en consultoría familiar Hernández y mi prima segunda estaba en una de las propiedades que administraba.
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