En medio de la boda, cuando todo debía ser perfecto, mi suegra tomó el micrófono y sonrió antes de decir: “Me alegro mucho de que hayamos encontrado una chica que sabe obedecer”.

“Durante estos años”, continué, “he escuchado comentarios sobre cómo debería comportarme, hablar, vestirme, incluso pensar. Siempre con la excusa de ‘querer lo mejor para nosotros’”.

Miré directamente a mi suegra. Ya no sonreía.

“Pero hay algo que nadie aquí sabe. Algo que guardé en silencio para proteger a la persona que amo”.

Daniel tragó saliva con dificultad.

“Antes de aceptar este matrimonio”, dije con el corazón acelerado, “hice algo que me prometí no volver a callar”.

El juez intentó intervenir, pero volví a levantar la mano.

“Hoy, delante de todos, voy a decir la verdad”.

El silencio fue absoluto. Patricia abrió la boca para hablar, pero no le salieron las palabras.

“Porque si este matrimonio va a comenzar”, concluí, “será sin secretos”.

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