Quería una víctima.
Me tapé la boca con una mano temblorosa para ahogar el sollozo que se me escapó.
Mi vestido de novia se sentía más pesado a cada segundo: el encaje, las cuentas, el velo, todo se hundía en mi piel como cadenas de las que no podía escapar.
Había imaginado esta noche tantas veces... y ninguna de esas imágenes se parecía a esto.
Me deslicé hasta el suelo junto a la cama, abrazándome, intentando respirar a pesar del dolor que me recorría el pecho.
Lo único que había hecho era intentar ayudar a alguien.
Y por eso, fui castigada.
Le respondí: "¿Por qué me cuentas esto?".
Pasó un momento.
Entonces: «Porque mereces saber la verdad. Y porque nadie merece lo que te ha hecho».
Bajé la cabeza y lloré en silencio sobre mi vestido de novia.
No fueron sollozos fuertes ni dramáticos.
Solo los silenciosos y desgarradores, los que solo llegan cuando algo dentro de ti se ha roto sin remedio.
No grité.
No planeé venganza.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
