Se arrodilló y besó a Harper en la frente, luego a Owen. Parecía querer decir más, pero no sabía cómo.
—Los quiero a todos —dijo en voz baja—. Les explicaré pronto. Lo prometo. Espero que me perdonen cuando sepan la verdad.
Su voz sonaba como si le doliera hablar.
Y luego se fue.
Sin maleta. Sin explicación. Solo la foto guardada en el bolsillo de su abrigo... y una puerta que nunca se cerraba del todo tras él.
A la mañana siguiente, me desperté con una cama vacía y fría, una cocina silenciosa y sin llamadas perdidas.
Parecía dolor, pero de alguna manera peor. Aún no sabía qué estaba lamentando.
Llamé a Logan una y otra vez. Le envié mensajes hasta que me dolieron los dedos. Le dejé un mensaje de voz tras otro, rogándole que contestara. No me devolvieron ninguno.
Mis amigos me dijeron que le diera espacio. Su familia dijo que quizá había tenido algún tipo de crisis. Mi hermana sugirió lo peor: que tenía una aventura. Pero un nombre seguía resonando en mi mente: Vivian.
¿Quién era ella para él ahora? ¿Qué había escrito?
¿Qué clase de mujer, después de todos estos años, se acerca y saca a su marido de su vida?
Las semanas se alargaron, luego los meses. Seis de ellos.
Cuando la gente preguntaba dónde estaba Logan, sonreía y mentía sin dudarlo.
"Viaje de trabajo", decía. O "Emergencia familiar". Lo que fuera que terminara la conversación más rápido.
Pero por la noche, después de que los niños se durmieran, me sentaba en su armario y lloraba hasta quedarme sin aliento. Todavía no sé cómo pasó el tiempo tan rápido.
De repente, era finales de junio. El aire estaba cargado del calor del verano, y yo seguía esperando.
Acababa de terminar de ayudar a Owen con su tarea de matemáticas cuando escuché que llamaban a la puerta.
Me quedé paralizada, con el corazón latiendo tan fuerte que me llenó los oídos. ¿Sería él?
Abrí la puerta y allí estaba Logan: más delgado, más rudo, de alguna manera mayor.
Como si aquello que había estado cargando lo hubiera envejecido meses en cuestión de semanas.
—Lo… ¿Logan? —susurré, pronunciando su nombre como si fuera una oración.
Entró lentamente, se sentó en el sofá y se quitó el abrigo como si su cuerpo se moviera sin su mente.
—Claire, lo siento —dijo con voz baja y ronca—. Te... te debo la verdad. Vivian murió.
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