¡En Plena Audiencia de Divorcio, Mi Marido Gritó Que Nunca Tocaría Su Herencia… Hasta Que El Juez Leyó Mi Carta y Estalló en Risas!

El juez abrió el sobre lacrado, desplegó las cinco páginas y empezó a leer. Al principio frunció el ceño. Luego sus hombros comenzaron a temblar. De pronto soltó una carcajada tan fuerte que el alguacil dio un respingo. Se quitó las gafas, se secó una lágrima de risa y volvió a reír, esta vez sin control.

Todo el tribunal se quedó helado.

Tomás palideció.

—¿Q-qué dice ahí, Señoría?

El juez golpeó la carta contra la mesa, aún entre risas.

—Señor Herrera… si lo que aquí se afirma es cierto (y tengo pruebas adjuntas que lo corroboran), prepárese. Porque esto cambia absolutamente TODO el panorama de este divorcio.

Sofía soltó un gemido nervioso. Tomás empezó a sudar.

Yo permanecí inmóvil, con las manos cruzadas sobre el regazo.

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