El juez me miró con algo parecido a la admiración.
—¿Está usted segura de querer hacer esto público, señora Navarro?
Sonreí por primera vez en meses.
—Completamente, Señoría.
¡La bomba que escondía mi carta acababa de activarse… y lo que venía a continuación iba a dejarlos en la ruina absoluta!
¿Qué demonios contenía aquel documento que hizo reír al juez y temblar a los traidores?…
El juez Morales carraspeó, recuperó la compostura y empezó a hablar con voz grave:
—Según la documentación aportada por la señora Emilia Navarro, el señor Tomás Herrera heredó en 2019 la cantidad de 4,2 millones de euros de su tía abuela Carmen Herrera. Sin embargo… —levantó una ceja— dicha herencia nunca llegó a ser exclusivamente suya.
Tomás se puso en pie de un salto.
—¡Eso es mentira! ¡Todo está a mi nombre!
El juez levantó una fotocopia notarial.
—Error. La tía Carmen redactó un fideicomiso irrevocable que solo se activaría cuando el beneficiario «permaneciera casado con la misma persona durante al menos diez años o hasta que dicha persona falleciera». En caso de divorcio por infidelidad comprobada del beneficiario, el 100 % de la herencia revertiría automáticamente a la esposa legal en ese momento».
Un murmullo recorrió la sala.
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