Patricia sintió el amor y la gratitud de esa mujer. “Eres un ángel”, susurró doña Mercedes. Patricia negó con la cabeza. No soy un ángel, solo soy una mujer que cree que todos merecemos una segunda oportunidad. Doña Mercedes la miró con ojos llenos de lágrimas. Que Dios te bendiga, mi hijita, a ti y a tu familia. Esa tarde, cuando Patricia salía del hospital, vio algo que la sorprendió. Roberto estaba sentado en su carro en el estacionamiento. No se había ido.
Estaba ahí con las manos en el volante mirando el edificio del hospital. Patricia se acercó y tocó la ventana. Roberto bajó el vidrio. ¿Está bien?, preguntó Patricia. Roberto negó con la cabeza. No, no estoy bien, pero creo que quiero estarlo. Patricia sonrió. Es un buen comienzo. ¿Puedo preguntarle algo? Dijo Roberto. Claro, respondió Patricia. ¿Cómo hace para perdonar? ¿Cómo hace para no guardar rencor? Patricia se apoyó en el carro. No es fácil y no siempre se puede. Pero he aprendido que el rencor solo me envenena a mí, no a la persona que me hizo daño.
Roberto asintió lentamente. Y si no puedo perdonar, Patricia se encogió de hombros. Entonces, al menos no dejes que el dolor te convierta en alguien que no quieres ser. Roberto miró hacia el hospital otra vez. Mi madre va a salir pronto, ¿verdad? Patricia asintió. En una semana si la recuperación sigue bien. Roberto respiró hondo. ¿Puedo puedo pedirle un favor? Patricia esperó. ¿Puede avisarme cuando le den de alta? Quiero estar ahí para llevarla a casa. Patricia sintió que algo cálido le llenaba el pecho.
Por supuesto. Le aviso. Roberto la miró. Gracias, Patricia por todo. Patricia asintió y se alejó mientras caminaba hacia su carro. Patricia pensó en todo lo que había pasado. Había arriesgado todo por una desconocida. Había enfrentado a un hombre poderoso. Había sido testigo de un reencuentro doloroso entre madre e hijo y de alguna forma había logrado hacer una diferencia, una pequeña diferencia, pero una diferencia al fin. Patricia sonrió. A veces pensó, “Los milagros no vienen del cielo, vienen de personas comunes haciendo cosas extraordinarias.
Pero lo que Patricia no sabía es que esta historia aún no terminaba, que Roberto Mendoza tenía un plan, un plan que involucraría no solo a su madre, sino a ella. Un plan que cambiaría su vida de formas que nunca imaginó. Porque a veces cuando haces el bien sin esperar nada a cambio, el universo encuentra formas de devolvértelo. Y la forma en que iba a devolvérselo a Patricia sería algo que ninguno de los dos vio venir. ¿Tú qué habrías hecho en el lugar de Patricia?
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