Enfermera vio millonario negar cirugía de su madre para ahorrar. Lo que ella hizo dejó el en shock…

Patricia volvió a entrar a la habitación después de que el hijo se marchara. Doña Mercedes seguía mirando por la ventana inmóvil. La luz de la tarde le daba en la cara, marcando cada arruga, cada año de vida. Patricia se acercó despacio y tomó la mano de la anciana.

Estaba fría. ¿Está bien, señora?”, preguntó, aunque sabía que la respuesta era no. Doña Mercedes no giró la cabeza, solo apretó suavemente la mano de Patricia, como si quisiera decir gracias por preguntar. El silencio en esa habitación pesaba como piedra. Patricia había visto muchas cosas en el hospital. Gente muriendo, familias despidiéndose, niños solos. Pero esto era diferente. Esto no era la muerte llegando sin avisar. Esto era un hijo eligiendo el dinero sobre su madre, eligiéndolo con palabras, con frialdad, con la misma naturalidad con la que uno elige que desayunar.

Patricia sintió rabia, una rabia que le subía desde el estómago hasta la garganta. “Mi hijo es un buen hombre”, dijo doña Mercedes de pronto con la voz ronca. Patricia la miró. La anciana seguía mirando la ventana. solo está ocupado. Tiene muchas responsabilidades. Patricia no supo qué decir. No podía mentirle. No podía decirle que sí, que era normal. Así que solo asintió y siguió sosteniendo su mano. Afuera, el sol comenzaba a ponerse tiñiendo todo de naranja. Dos horas antes, cuando doña Mercedes había llegado al hospital, Patricia estaba en su turno revisando expedientes.

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