El moretón que se estaba formando todavía visible a pesar del maquillaje que había intentado usar esa mañana. El agente Ramírez sacó su celular y tomó fotos. Señora Sánchez, necesita atención médica. Ya fui al hospital esta madrugada, respondió María. Tengo el certificado médico. Está en el expediente que presenté. Tomás se dejó caer en la silla hundiendo la cabeza entre las manos. No puede estar pasando esto, murmuraba. No puede estar pasando. Es cierto que mantiene usted una relación extramarital con una persona llamada Carla Jiménez, preguntó el agente Salazar leyendo de su libreta.
Tomás levantó la cabeza bruscamente. Eso no tiene nada que ver con esto. Tiene todo que ver, intervino María, porque cuando yo le pedía explicaciones por llegar tarde, él me acusaba a mí de serle infiel. me celaba, me revisaba el celular, me seguía, pero él sí podía tener a otra mujer. “Señora Sánchez”, dijo el agente Ramírez, “¿Usted presentó también evidencia de las amenazas verbales que recibió?” “Sí, grabaciones de audio, mensajes de texto y hay más. ” Tomás la enfrentó con expresión de alarma.
“Más, ¿qué más puede haber?” María caminó hacia la sala y regresó con una caja de zapatos. La puso sobre la mesa junto al desayuno frío y la carpeta que había arruinado la vida de Tomás. Esto dijo María abriendo la caja. Adentro había más papeles, más fotos, más pruebas. Hace 6 meses, comenzó a explicar María mientras los oficiales se acercaban a ver, empecé a ir a terapia psicológica. El DIF me canalizó con una doctora que se llama Patricia Méndez.
Ella tiene un consultorio en Ciudad Azteca. Tomás la observaba sin poder creer lo que escuchaba. Durante se meses, continuó María, documenté cada sesión, cada cosa que me hiciste, cada vez que llegaba a terapia sin poder más. La doctora Méndez escribió un reporte completo sobre violencia psicológica y emocional. Está todo aquí firmado, sellado, legal. Sacó un folder con el membrete de la Secretaría de Salud del Estado de México. También contraté a una abogada, dijo María sacando una tarjeta de presentación.
La licenciada Sandra Domínguez, especialista en derecho familiar y violencia de género. Llevamos tres meses preparando esto. Tomás se había quedado mudo. Su mundo se desmoronaba con cada cosa que María sacaba de esa caja. Y hay más, agregó María con una sonrisa pequeña. ¿Te acuerdas de aquella noche de febrero cuando llegaste borracho y me empujaste contra la pared del pasillo? La noche que Diego tuvo que interponerse para que no me siguieras pegando. Tomás tragó saliva. Pues resulta que Diego lo grabó todo con su celular, dijo María sacando un USB.
Está aquí en video con fecha, hora y todo. El agente Ramírez tomó el USB. Esto es evidencia muy fuerte, señora Sánchez. Lo sé, respondió María. Por eso me tomé mi tiempo, porque sabía que si lo hacía tenía que hacerlo bien. Tenía que asegurarme de que no hubiera forma de que él se saliera con la suya. No esta vez Tomás la contemplaba como si fuera una desconocida y en cierto modo lo era. La mujer callada y asustada que él conocía había desaparecido.
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