—“¡Estás fingiendo ese embarazo para sacarle dinero a mi hijo!” gritó Miranda mientras toda la terraza quedaba en silencio helado.
Elena Martín llevaba semanas preparando aquella cena en la azotea de un elegante edificio del centro de Madrid, deseando crear un momento íntimo para anunciar la noticia más importante de su vida: estaba embarazada. Su esposo, Daniel Ruiz, la miraba con ilusión cuando ella, con las manos ligeramente temblorosas, dijo:
—Voy a ser madre… vamos a ser padres.
Pero la reacción no fue la esperada. Su suegra, Miranda Salvatierra, una mujer acostumbrada a controlar cada detalle de la vida de su hijo único, ladeó la cabeza con desprecio.
—Tú… ¿embarazada? No me hagas reír. Todo esto es teatro para manipular a Daniel. Tú no eres digna de llevar un hijo de esta familia.
Daniel intentó intervenir, pero Miranda estaba fuera de sí. Se levantó de golpe, caminó hacia Elena y, en un arrebato de furia, la empujó brutalmente hacia el borde de la terraza. Elena tropezó contra la barandilla baja, perdió el equilibrio y cayó al vacío desde varios metros.
Los gritos llenaron la noche. Daniel bajó corriendo, desesperado. Encontró a Elena en el suelo, apenas consciente, con la respiración entrecortada y un hilo de sangre bajando por su frente.
Una ambulancia la trasladó al Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Horas después, Elena abrió los ojos. Daniel estaba sentado junto a ella, con el rostro descompuesto.
—Amor… estás a salvo. Estoy aquí —susurró, agarrando su mano.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
