“¡Estás fingiendo ese embarazo para manipular a mi hijo!” — La acusación que desató una caída brutal desde una azotea en Madrid y reveló un secreto de identidad escondido por tres décadas

Cuando Lucía la vio, rompió en llanto.
—Eres tú… —susurró—. Eres nuestra hija.
Elena sintió el corazón encogerse.
—¿Cómo pueden estar tan seguros?
Álvaro sacó una carpeta.
—Hace treinta y dos años, nos dijeron que nuestra bebé había muerto al nacer. Nunca nos dieron un cuerpo, ni certificado médico claro. Buscamos, preguntamos, denunciamos… hasta que los movimientos recientes en prensa sobre tu caso nos hicieron volver a intentarlo.
El abogado entregó los resultados de una prueba de ADN urgente realizada la noche anterior.
Coincidencia del 99,87%.

Elena se derrumbó en lágrimas. Lucía la abrazó con cuidado, como si temiera romperla. Daniel miraba la escena, conmovido pero consciente de que el siguiente paso sería enfrentar a su madre.

Esa tarde, visitaron a Miranda en el centro de detención. La mujer, lejos de mostrarse arrepentida, mantenía su altivez.
—Hice lo que era mejor para mi hijo —dijo fríamente—. Daniel necesitaba una vida perfecta. Tú, Elena, nunca debiste entrar en ella.
Daniel, con voz firme, respondió:
—Lo único imperfecto aquí ha sido tu capacidad de amar. Elena es mi esposa, la madre de mi hijo, y la mujer más valiente que conozco. Y tú vas a pagar por lo que hiciste.
Miranda perdió su máscara de control cuando la policía le notificó nuevos cargos por su presunta participación en una red ilegal de adopciones décadas atrás.

Durante los meses siguientes, Elena fue construyendo una relación cautelosa pero llena de ternura con sus padres biológicos. No sustituyeron a la familia que la crió, pero ampliaron su mundo.

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